René Descartes
René Descartes nació en 1596 en La Haye, en la Turena, al oeste de Francia, en una familia de juristas y funcionarios. Su madre murió cuando él era muy pequeño, y su salud delicada le valió, en el colegio jesuita de La Flèche, el permiso de quedarse en cama por las mañanas, costumbre de meditación que conservó toda la vida. Estudió derecho en Poitiers y después, deseoso de leer «el gran libro del mundo», sirvió como voluntario noble en los ejércitos de Mauricio de Nassau y del duque de Baviera. La noche del 10 de noviembre de 1619, encerrado en una habitación caldeada por una estufa en Alemania, tuvo la serie de sueños en los que creyó haber vislumbrado los fundamentos de una ciencia nueva y admirable.
Durante casi veinte años, desde 1628, vivió en la República de las Provincias Unidas, cambiando a menudo de residencia y guardando su soledad, en correspondencia con los sabios de Europa a través de su amigo Marin Mersenne. Allí escribió su tratado El mundo, que renunció a publicar al saber de la condena de Galileo en 1633. En 1637 publicó, en francés y sin su nombre, el Discurso del método junto con tres ensayos —la Dióptrica, los Meteoros y la Geometría, esta última fundadora de la geometría analítica—. Siguieron las Meditaciones metafísicas en 1641, los Principios de la filosofía en 1644 y Las pasiones del alma en 1649.
En 1649 la reina Cristina de Suecia lo invitó a Estocolmo para que le enseñara filosofía. Obligado a acudir a ella a las cinco de la mañana en pleno invierno nórdico, contrajo una neumonía y murió allí en febrero de 1650. Por su método de la duda, su «pienso, luego existo», su distinción entre la sustancia pensante y la sustancia extensa y su proyecto de una ciencia matemática de la naturaleza, Descartes es considerado el padre de la filosofía moderna; todos los grandes pensadores posteriores, de Spinoza y Leibniz a Kant y Hegel, empezaron por medirse con su obra.