Los antiguos acusadores
18a–19a
En primer lugar, atenienses, es justo que me defienda de las primeras acusaciones falsas lanzadas contra mí y de mis primeros acusadores, y después de las acusaciones posteriores y de los 18b acusadores posteriores. Pues muchos acusadores se han levantado contra mí ante vosotros desde hace ya mucho tiempo, muchos años, sin decir nada verdadero; y a estos los temo más que a Ánito y los suyos, aunque también estos son temibles. Pero aquellos son más temibles, señores: se apoderaron de la mayoría de vosotros desde niños y trataban de persuadiros, acusándome sin ninguna verdad, de que hay un tal Sócrates, hombre sabio, que se ocupa de las cosas del cielo, que ha investigado todo lo que hay bajo la tierra y que hace más fuerte el argumento más débil. 18c Estos, atenienses, los que han difundido esta fama, son mis acusadores temibles; pues quienes los oyen piensan que los que investigan tales cosas ni siquiera creen en los dioses. Además, estos acusadores son muchos y llevan ya mucho tiempo acusándome; y, por si fuera poco, os hablaron en la edad en que más fácilmente podíais creerles, cuando algunos de vosotros erais niños o muchachos, y ganaron su causa en rebeldía, sin que nadie se defendiera. Y lo más absurdo de todo es que ni siquiera es posible conocer y 18d decir sus nombres, salvo, quizá, el de uno que resulta ser autor de comedias. Todos los que, valiéndose de la envidia y la calumnia, os persuadían, y los que, persuadidos ellos mismos, persuadían a otros, todos estos son los más difíciles de combatir. Pues no es posible hacer subir aquí a ninguno de ellos ni refutar a ninguno, sino que es preciso, sencillamente, defenderse como quien combate con sombras y refutar sin que nadie responda. Admitid, pues, también vosotros, como digo, que mis acusadores han sido de dos clases: unos, los que me han acusado hace poco; otros, 18e los de antaño, de los que hablo; y reconoced que debo defenderme primero de estos últimos. Pues también vosotros los oísteis acusarme antes y mucho más que a estos de ahora.
Bien. Hay que defenderse, pues, atenienses, y tratar de 19a arrancaros en tan poco tiempo la calumnia que durante tanto tiempo habéis albergado. Desearía que así sucediera, si ello es mejor para vosotros y para mí, y que mi defensa lograra algo. Pero creo que es difícil, y no se me oculta en absoluto de qué se trata. Con todo, que esto vaya por donde le plazca al dios; hay que obedecer a la ley y defenderse.